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Una gaviota herida y un zorro prófugo.

( Dedicada a mi amigo Ramón Navarro y a su “amiga”)

Una gaviota y un zorro
se encontraron en un cerro,
cerca del campo,
cerca del mar.
La gaviota tenia un ala rota,
el zorro no podía bien andar
su pata había sido atada
y lastimada al escapar;
la gaviota en cambio,
había caído mal, encandilada,
al mismo mar.

Viéndose ambos animales,
descubrieron en el sufrir,
que dos dolores distintos
duelen menos al compartir.

Abrazo la gaviota al zorro,
el zorro a la gaviota la frente le besó,
juntos en un cansado andar
avanzaron al monte,
se escondieron en un templo,
el que ahora iban a habitar.

Se inventaron historias,
se turnaron al llorar
y con lagrimas de amor
sus heridas han de sanar.

Se inventaron un juego,
de una regla nada mas,
que el amor no los atrape de nuevo,
si no, deben escapar.
Se juraron la gaviota y el zorro,
cumplir esta regla, sin pensar,
que el amor esta inmerso,
en lo que se llama amistad.

Paso el tiempo,
las heridas sanaron.

Debieron partir a sus hogares,
pero era bello el juego,
prefirieron seguir jugando
estos dos animales;
lo jugaron y memorizaron,
mil veces lo volvieron a jugar,
en el apartado monte,
en el escondido templo,
rompiendo la única regla,
el juego no se molestaron en terminar.

¡Eran tan distintos!
pero iguales al amar,
se tenían uno al otro...
¿para qué querer más?

Vino el tiempo aventurero,
los recuerdos les trajo de atrás,
de la heridas,
de las flores,
de las olas,
de los trotes y los vuelos,
del campo,
del mar...

Se miraron los dos animales,
se decidieron a terminar,
el adorado juego inventado,
el adorado juego de amar.

Se tardaron horas,
tal vez días,
¡que más da!
sus cuerpos unidos en abrazo
no se quieren separar,
¡no quieren dejar de jugar!
sangran dos corazones,
corazones de animales dirán,
pero corazones que se aman,
con amor puro y de verdad.

El destino tenia escrito,
que debían de sufrir,
mas de lo que ya lo habían hecho
con el ala rota,
con la pata herida,
ala hora de partir.

Al zorro lo llamaron del campo las flores,
a la gaviota la llama el mar.
Separa a los dos amantes
la basta tierra,
el basto mar.

Dos corazones que sangran juntos
y que con lagrimas se supieron sanar,
no se apartan nunca,
los une por siempre el recuerdo de amar.

El zorro siempre a la gaviota besa,
cuando en el campo las flores ha de besar,
la gaviota siempre al zorro abraza,
cuando abraza al profundo mar.

Un amor como este,
no se olvida jamás,
un amor como este,
no se puede separar,
se tendrán el uno al otro,
será el amor que los alegre,
el recuerdo que los consuele,
siempre que quieran llorar.