Mostrando las entradas con la etiqueta Recuerdos de tiempos militares (relato largo). Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Recuerdos de tiempos militares (relato largo). Mostrar todas las entradas

Recuerdos de tiempos militares (relato largo)


Siempre he vivido en el mismo barrio, ha cambiado mucho desde que yo era pequeña, recuerdo que hace años, cuando mi país vivía bajo el mando militar, la manzana donde está mi casa estaba rodeada de poblaciones de uniformados y a escasas dos cuadras, el regimiento de telecomunicaciones.

A pesar que el pensamiento político era contrario al de la época, crecí tranquila, con la libertad de compartir con todo tipo de niños y familia, siendo niña, no vislumbraba la realidad, la dictadura, el dolor de muchos, me enseñaron aún así, el significado de democracia, igualdad y tolerancia.

Como todo niño, era amiga de muchos otros niños, todos iguales disfrutábamos los juegos en la plaza, de vez en cuando jugábamos en las casa de los amigos, disfrutábamos la televisión a color con control remoto de los más afortunados y así, pasaba la vida, como la vida de cualquier niño.

Tenía una gran amiga, a la que por respeto llamaré Marta, pasaba mucho tiempo en su casa, su padre, al que desde este momento llamaré Jorge, tenia una afición al modelismo naval, tema que compartíamos a pesar de mi corta edad, criada entre gente de mar y amante de la costa, un librero enorme dónde yo podía llevarme, uno a la vez, para disfrutarlo en casa, tenía algún grado en el ejercito, no recuerdo cual, sabía que era importante, siempre transitaba por su casa una cantidad importante de soldados, se encerraban en el cuarto del librero diciendo, voy a ver los libros, la esposa se daba vueltas, cerraba los ojos y no decía nada, nos sacaba del lugar y nos daba galletas y chocolate.

Una de esas tantas veces, una que no he podido olvidar, estábamos jugando en el patio, el cuarto del librero tenía una ventana pequeña que daba justo al lugar donde estábamos, Marta y yo siempre especulábamos lo que se hacía ahí, así que dada la posibilidad de averiguarlo y de que la madre no nos había llevado a la cocina, nos asomamos a escuchar.

Me llamó poderosamente la atención ver llorar a un soldado, lloraba desesperadamente, le hablaba al don Jorge con el tono marcial que hablan los soldados, tratando de contener el llanto, con voz pausada le dijo don Jorge:

Muchacho, cálmate, deja el “mi” para el regimiento, llámame Jorge dentro de mi casa, respira hondo y explícame.

Don Jorge -decía el muchacho al que ahora le calculo no más de 20 años- tengo miedo, don Jorge tengo miedo, soy un soldado don Jorge, no puedo tener miedo........

El miedo es normal, un estado natural frente a los desconocido -hablaba calmadamente don Jorge-

No puedo seguir don jorge, vengo llegando de xxx, antes estuve en zzz, en los dos lugares me asignaron el mismo trabajo...... don Jorge, tengo pesadillas.....

Bien muchacho -seguía usando el mismo tono pausado- ¿cuál es esa labor que tanto temes?, quiero ver si puedo hacer algo.

Lentamente, ya sin llanto, el soldado le explicaba, yo no entendía nada, creo que el tiempo transcurrido me hizo olvidar algunas partes, pero en un momento del relato este muchacho dio algunos detalles.

-Me dieron la orden temprano, a enterrar me dijeron -relataba- habían cuerpos en los botes, mi cabo Flores y yo teníamos que remar 90 minutos mar afuera, ahí enterrarlos -tomó aire como tratando de no olvidar, miraba al vacío con una expresión algo descompuesta, como si lo estuviese viendo- todos muertos por bala, la sangre se escurría por la borda, yo no quería, pero tenia que cumplir ordenes..... Mientras remábamos pensaba en que no era justo, se los comerían los peces y los cangrejos, mientras pensaba si esas piedras atadas a ellos los mantendrían hundidos, usted sabe don Jorge, los finados flotan al rato en el agua..... Pensé en mi madre don Jorge, si yo me ahogaba y no me encontraban, como estaría ella, por que una cosa era morirse don Jorge, pero otra muy diferente en no tener donde ir a tirar flores........ 90 minutos remamos, 90, ni más ni menos.... mi cabo Flores y yo nos miramos “tira al agua” me decía y empezamos a tirar al agua los cuerpos..... Si todavía los veo don Jorge, todavía los escucho decir “no lo hagas” con sus ojos abiertos de muerte, con los rostros pálidos y miradas vacías..... Los sueño por las noches don Jorge, no duermo, mi comandante me ha dado unos días de franco para que descanse.....

Don Jorge se dio vuelta en su silla, esa misma silla que usábamos como trompo para jugar, note una sombra gris en su semblante, claramente le rodó una lágrima, con la misma calmada voz le dijo “al menos, no te ha tocado disparar”, fue entonces que levantó la vista y nos vio a Marta y a mi mirando por la ventana.

Cuando salió del cuarto del librero, nos llamó, nos hizo sentar, nos observó, pausadamente nos dijo -ustedes saben que no tenían que estar ahí, bien sabes Marta que lo que escuches no lo repitas- luego me miró, me regaló una sonrisa y me habló -tu eres una niña inteligente, sé que entiendes más de lo que creo lo que está pasando, por mi bien, el de mi familia y la tuya, no comentes lo que has visto, ni repitas lo que has oído-.

Los años pasaron, ya el barrio militar no está, en su lugar hay grandes edificios, a unas cuadras todavía está el bario de carabineros, pero nada es como antes, los amigos se fueron, especialmente los que tenían padres uniformados, entre ellos Marta.

Hace un par de meses, me encontré a don Jorge, aunque Marta y yo no hemos perdido nunca el contacto, no había visto a don Jorge en años, menos oírlo, estaba igual a como lo recordaba, lo invité a mi casa, hablamos de barcos, le mostré mi nueva colección de barcos en botella, mis fotografías de faros y mis escritos, le llamó la atención un par de historias de mi niñez y me dijo- tu recuerdas bastante ¿es verdad?

Si-le contesté

Siempre me pregunté cuanto recordarías de lo que viste en mi casa....

Mucho don Jorge, casi todo. Siempre le quise preguntar algo...

¿Que cosa?

Mire don Jorge, siempre recuerdo a un soldado, uno que llegó a su casa, que llegó y lloraba.....

Sé de quién me hablas, esperaba que algún día me preguntaras.

¿Qué pasó con él?, ahora entiendo de que hablaba, seguro eran detenidos en la cárcel de xxx, también entiendo que lo del entierro era arrojarlos al mar, cosa que considero poco humano, pero creo que no es momento de discutirlo.

Me quedó mirando, tomó aire y me dijo -siempre supe que eras distinta a las otras niñas con las que jugaba Marta, hablabas como grande, prestabas atención, detallista, leías mucho, de pequeña tuviste una mentalidad amplia... (Luego de ésto me contó algunas cosas de su vida personal que no puedo revelar, cosa que cumpliré, mi palabra vale) El soldado que viste ese día tuvo que cumplir la misma orden un par de veces más, luego fue trasladado a santiago, su madre murió al poco tiempo, un día le tocó disparar, pero la bala llegó desde su boca hasta la nuca.

No pude decir nada, todo era muy claro, don Jorge hizo un gran esfuerzo por retener un par de lágrimas, yo hice que nos la veía.