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Ella camina...



Camina erguida, digna representante del genero femenino, sus largas piernas, bien formadas, son el punto donde se centran las miradas.


Es un espectáculo verla andar, No es muy alta, pero tiene andar de gigante, la espalda recta, los hombros hacia atrás, su cuello largo y delicado mantiene en posición su pequeña barbilla, la vista al frente, las frente en alto... sus labios son el fruto prohibido de muchos del sector, en especial a los que la ven pasar, tiene dueño, pero eso no lo sabe nadie, siempre camina sola.
Se puede saber la hora exacta a verla, siempre, todos los días a la misma hora, por las mismas calles.

Los mas osados le saludan al pasar, un “buenos días” o un “buenas tardes”, rompe la rigidez de su cara, una sonrisa y una venia de su cabeza, su dulce y fuerte voz al responde, todo mezclado con el movimiento ondulante de sus cabellos, que caen en cascada sobre sus rectos hombros.

No es bella, pero cuando camina, es deleite verla, sea cual fuera el atuendo del día, si pasa con overol, sus zapatos de seguridad cuando le toca terreno o pantalones y poleras en su días libres o su traje de sastre, de buen corte y líneas clásicas, con tacones altos y escaso maquillaje, con lo que se vista, el andar es el mismo, desde lejos se sabe que es ella.

Pisa firme, planta sus pies en la tierra con el poder del rayo, sus bellas piernas se clavan en el suelo como alerces, un pie frente al otro, una forma natural al andar, como modelo de pasarela, hace que sus redondas caderas se muevan al compás del viento en perfectos y redondos círculos infinitos, mientras sus brazos se balancean a los costados alternados a sus pies en perfecta sincronía, es natural, se siente en la naturaleza segura de sus pasos, es ese andar el que hipnotiza a los varones y pone a comentar a las mujeres.

Me gusta verla pasar, desde que llegue a la villa que no puedo dejar de ponerme en la ventana a las ocho de la mañana y a las dos de la tarde, sé que esa flor no será para mí, es una rosa con un solo dueño, pero disfrutar su andar de hierba fresca, con esas piernas de alerce, sonrisa eterna de primavera... es un jardín al que no renuncio mirar en este desierto en el que vivo.



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