Nadie sabe...

Nadie sabe que se esconde detrás de su sonrisa. Todos le dicen que su risa es bella e iluminadora, ella no lo cree así, siempre ha sido así, una sonrisa tras otra.

Su sonrisa es como la historia del payaso, hace reír, alegra el alma, pero nadie sabe que es lo que esconde en su corazón.

Tras la máscara de sus blancos y cuidados dientes, hay historias amargas, de desazón y valor, complejos, historias dolorosas y sueños rotos que no se atreve a confesar, por miedo a que su corazón sangre y se note al exterior.

Se ha enfrentado tras los dientes y esa dulce sonrisa, siempre usados de trincheras, a cuanta adversidad que el destino o lo que sea le pusiera en el camino, es fuerte, se sabe fuerte, marcha por las calles con la frente en alto, los ojos abiertos y la sonrisa, que le abre puertas, en los labios, Sabe, que en la oscuridad de sus rincones ocultos, puede sacar su mascara de miel y dejar al descubierto, la otra, la real, la de madera deteriorada por la humedad del llanto.

En su corazón hay eternas tormentas y huracanes, pero a su boca, sólo llega la luz y una brisa fresca de oraciones y bendiciones, esa que reparte incluso a favor de seres injustos, que aprovechándose de su incapacidad de odiar, la atormentan casi por deporte.

En su corazón hay marejadas, corrientes marinas frías y oscuras, mas, a su cara solo llegan suaves y frescas olas, que refrescan las vidas de los mas necesitados.


Nadie sabe que se esconde tras esa sonrisa, esa que ella regala agradecida en su fe, siente que es un don que tiene que compartir y lo reparte a manos llenas sin miedo a quedarse sin nada.

No sabe de rencores, todos sus dolores los llora oculta y los elimina a través de lagrimas ácidas.

Sus ojos no son iguales a los de cualquier mortal, discute a diario con su reflejo, sabe que le miente, aunque cree en lo que ve, no obedece a lo que oye, prefiere engalanar con flores su espíritu inquieto.

Emocionalmente inteligente, abraza dolores ajenos y los absorbe como esponja, da respuestas simples y certeras a preguntas complejas, “una sonrisa lo arregla todo” dice ella, sabe del poder del azúcar y la luz de la franqueza en los ojos, a pesar de todo, sus sonrisas nunca son falsas.

Cada noche, repasa su día en una lista, las buenas de un lado, las malas del otro, se obliga a encontrar al menos tres cosas buenas, en un principio fue un ejercicio difícil, ahora, cada vez le resulta mas fácil, toma las cosas malas y las quema, de rodillas y con humildad, agradece al cielo, las bondades recibidas, entre ellas, su risa.

No sé que sería de ella sin su máscara de chocolate y malaza, creo que se moriría de angustia, no quiere dañar a nadie con los temporales de su alma.

Cada mañana, al levantar el alba, saca la sal de sus mejillas, me mira, ríe de sí misma y sale a la calle a repartir su luz y optimismo.

Cuando se va, espero que encuentre a alguien en su camino que tenga la capacidad de sacarle en la luz la máscara, limpie la acritud almacenada por tantos años, nutra la madera con aceites de naranja y nuez, para hacer desaparecer las grietas y ella pueda reír para siempre, pero desde su alma.


Nadie sabe lo que se esconde detrás de su sonrisa, sólo yo, su espejo.